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“Llegaron los blancos, y ya canta el pecu”. Relatos primaverales desde Cantabria.

Está claro que la primavera ha llegado, los días han alargado, y las noches han templado.
Las Lechuzas Comunes parecen invadir la marina cántabra. En el último mes, una decena de ejemplares han sido localizados atropellados por nuestros afanados ornitólogos, que agarrados al volante, tienen un ojo en el cielo, y otro en la carretera, para ver todo, sea de chapa, de pelo, o de pluma. Pienso que esta explosión de accidentes, puede coincidir con las primeras salidas de los jóvenes, más incautos e inexpertos que sus sabios padres. Eso explicaría, que llevase 15 semanas sin escucharlas, pues estaban afanadas en la incubación y la crianza. Ahora, con la liberación de haber echado a los hijos de casa, y con jóvenes de otras polladas metiéndose en sus territorios, vuelven a utilizar el tiempo en cazar sólo para ellos, y en marcar su territorio ante tanto joven irrespetuoso, que no saben respetar territorios, y alguien tendrá que enseñarlos. Suposiciones...

Mientras tanto, otra nocturna, la más grande, el Búho Real, anda en plena crianza con pollos a punto de salir del nido. El domingo pasado, haciendo barridos en inclinadas y escarpadas laderas, mi telescopio y yo nos topamos con un majestuoso Duque, que a la luz del día, observaba desde su repisa. Cuando parecía que no podía acaparar más sorpresa, el ala de un pollo asomó estirándose por detrás del adulto. Resultó ser un nido de Búho Real, con un par de pollos de unas 5 semanas. El último día que fui con unos amigos a verlos, parecían estar los 2 pollos solos en el nido. Avanzaba la tarde, y para nuestra sorpresa, un Buitre Leonado estaba apostado en una repisa a menos de 10 m de los pollos. Hubo varios comentarios jocosos según avanzaba la tarde del tipo “cómo no se quite y avance más la tarde, le van a pegar un susto”. Efectivamente, los pollos estaban muy activos a las 20:55, y de repente un bulto con orejas salió de su escondrijo, y sin más rodeos, fue directamente a chocarse literalmente contra el cuerpo del Buitre. –¡¡Bum!!- El Buitre se tambaleó durante unos segundos, pues el golpetazo que recibió, le desequilibró. Las vivencias que tengo en el campo, se van archivando en mi cabeza en distintas categorías. Esta, sin lugar a dudas, será archivada en la categoría “observaciones especiales”.

Esa misma noche, la fui pasar a los cordales del Saja-Nansa. Lo que me quedaba de noche, pues llegué a altas horas, fue bastante ventosa. No obstante, la lluvia respetó. Por la mañana, pude ver los habituales grupos de venado, ni más, ni tampoco menos. A esas alturas, una cuarta parte de los machos han tirado la cuerna ya. Algunos de ellos, no los tirarán hasta avanzado mayo. Es sorprendente, que luego tengan sólo 3 meses para que les crezcan los cuernos de nuevo, esto es a mediados de verano, pues después, sólo les quedará quitar el terciopelo que los cubre, para que para finales de verano, ya estén listos para la berrea. Es este ciclo anual, a mi modo de ver, una proeza de la naturaleza.
Zorro, huellas de Gato Montés, Culebreras cazando, Milano Negro, nido de Busardo Ratonero, puestas recientes de Rana Bermeja y renacuajos pequeños, Bisbitas Alpinos marcando territorio, Chovas Piquirrojas y Piquigualdas, etc. Después de picar algo de fiambre y echar una siestuca, bajé al pueblo a ver a la familia.



-Tu tío anda detrás de casa de Tía Gloria picando leña.- Me dicen.
Según me acercaba, se oían abrir los tacos de leña a golpe de jachu. El saludo fue muy gracioso, casi sin parar de cortar la leña, sin preámbulos y sobre todo fuera de todo protocolo de saludo familiar, me soltó un “Llegaron los blancos, y ya canta el pecu”. –Trac, trac- Seguía picando leña…
Así interpretó mi tío que debía saludarme. -“¿Para dónde tiras?”- Migio sabe que cuando aparezco por el pueblo, es porque me pilla de paso para ir a alguna braña. –No, ya bajo, subí por la noche a tal sitio y voy ahora para San Vicente-.
Entramos en materia. Ahora si para de picar leña:
-Pues sí, me han dicho que ya andan por ahí los blancos, yo no los he visto.- Los blancos, son los Alimoches, los nombres de los libros no tienen mucho éxito aquí, que no quiere decir que no se distinga entre un bicho y otro.
-Y está mañana escuché por allá arriba al pecu.- El pecu, es el Cuco. ¿Qué onomatopéyico nombre sería el más acertado para tan enigmática especie? Siempre he creído, que no hacen “cuco”, ni “pecu”, sino más bien “u-cú” En fin, sería un buen tema de conversación para echar unas cervezas.
Bastaron 10 minutos en el campo para comprobar las 2 cosas. A 3 km del pueblo, a pié de pista, monté el telescopio, y localicé un Alimoche tumbado donde otros años han criado. De fondo, y cómo si todo estuviera preparado para cuando yo llegara, cantaba el pecu. Así da gusto.

El Lobu Saja

"Al un lau, El Cornón, al otru, las Montañas Pasiegas, y abaju míu, El Lobu".
El último sábado de febrero, me subí bien entrada la noche a los cordales montanos de Saja. Por el camino, vi en vuelo una pareja de Lechuzas comunes dentro de un pueblo y 1 Cárabo en el monte. También, un Tejón que decidió echarme una carrera durante 30o metros, al final, tuve que parar el coche para que se saliera de la pista...Casi en mi destino, de cuyo nombre...(ya sabéis) 1 Liebre europea en la pista, y otras dos más en la braña.
Subía expectante, los 4 grados de Torrelavega (a menos de 100 m s.n.m.), me hacían temer una larga noche, pero no. La inversión térmica, típica de los días anticiclónicos, provocó que a más de 1000 metros, tuviera 11 grados a la 1 de la madrugada, ¡oh sorpresa! Esterilla, saco, y la tienda queda en la mochila, que el cielo está precioso. La noche pasa sin sobresaltos, no oigo ningún animal...
Al fondo, encima de dónde se hacen los sobaos, empiezan a encenderse las brasas....En el cielo, y también en la tierra. Al menos 4 focos de incendios detecto con el telescopio aún en los preámbulos del crepúsculo. Es difícil localizarlos, pero parecen de la zona pasiega, o de la del Miera a los sumo.
Con el paso de los minutos, y aún sin tiempo para recoger el saco, tengo que empezar a retratar el cielo. A un lado, un cielo impresionantemente rojo, corona las cumbres del Miera y del Pas. Al otro lado, la imponente Peñasagra, refleja con luz ténue ese fuego del cielo en sus laderas nevadas.

Sube el sol, llega la luz, y empiezo a detectar rebaños de ciervos, uno aquí, otro allá...Ninguna otra especie de mamífero sobre los pastos, ¿ninguna? espera, que allí se ha movido algo entre los acebos. Ahí está, de repente, en una braña rodeada de acebos, aparece un Lobo ibérico que la atraviesa sin ningún miedo. Lengua fuera, trote firme...y de repente se para. Es entonces cuando coge y se acuesta en mitad de la braña, ¡sin ocultarse en la vegetación! -¿Será posible?- ya creí que iba a hacerme disfrutar con su observación por largo rato, pero no, me equivoqué. No ha pasado medio minuto, cuando debe de pensar que no es el mejor sitio, por lo que se levanta de nuevo y retoma el trote, ahora con clara actitud de caza, acometiendo los acebos con la cabeza gacha y las orejas atentas. Esto, mientras prosigue con un trote, que lo sacó de mi campo de visión. La observación está echa a 1.1 km de distancia, pero la buena luz, y lo despejado de la zona, me han vuelto a premiar. En este caso, han sido 6 minutos, que automáticamente han pasado a formar parte de mis momentos de gloria.
La primavera asoma ya, y el Busardo Ratonero, le recuerda al Señor Cuervo que no estamos en fechas de espacio aéreo libre, metiéndole un rapapolvo cuando este entra en la zona "N".

































Los pícidos, atareados con el marcaje de territorio. El Picapinos con sus tamborileos en las cagigas. El Pito Real con sus relinchos el los bordes de bosque. Y de lo más profundo del hayedo, una pareja de Picamaderos Negros emite todo tipo de reclamos, haciéndome imaginar lo abundos que están en hormonas.



Ya en el pueblo, un poco de vida ganadera...vamos a cebar al potro, y aprovecho para sacarle unas fotos en acción. Que animales más impresionantes. ¿Qué no?